viernes, abril 29, 2005

Pequeños cabroncetes

Ah, el buen tiempo... cómo cambia la vida en la Escuela Politécnica Superior cuando llega el calor... Se nota sobre todo por las chavalas; esas exuberantes mozas paseándose lujuriosamente por el campus... arf... volvamos al mundo real ¿dónde cojones se meten en invierno? ¿eh? porque yo sólo las veo en verano y en época de exámenes en la biblioteca, para joder a los pobres estudiantes de ingeniería cuando intentan empollar. Y vaya que si empollan... tanto que a más de uno le están a punto de romperse los huevos (eclosionar, ese es el término técnico).

El tema de las chavalas en la Escuela da para mucho, pero es algo secundario. Cuando viene el buen tiempo nuestra vida cambia sobre todo porque en lugar de intoxicarnos en la cafetería, salimos al patio a comernos unos bocatas mientras tomamos el solecito. A veces también los acompañamos con unas birrillas, pero sobre todo los acompañamos con entretenidas charlas sobre los temas más dispares. Ayer tocó la masturbación, un gran tema comodín donde los haya y que a mí me gusta mucho por el juego que da, y me prometí escribir un post recopilando material sobre el arte de las pajillas, pero mientras tanto, voy a hacer un pequeño resumen sobre lo que se habló hoy.

La cosa empezó mientras volvíamos al campus con los bocatas en la bolsa, cuando alguien comentó algo sobre el sistema educativo (lo típico de ESO vs EGB), y yo pensé que los niños que más estudiaban en el colegio luego eran unos fracasados... normal, coño, si necesitaban estudiar tan pronto, es que no iban a dar mucho más de sí. El caso es que yo era de los que se pasaban todo el día en el pasillo. Mi hermano ya estaba acostumbrado a verme castigado en los cambios de clase. Recuerdo cuando un día, lleno de orgullo me dirigí a mi madre y le dije:
-Mamá, hoy no me han echado de clase.
-¿CÓMOOOOO? ¿¿QUE HASTA HOY TE ECHABAN SIEMPRE??
-Hmmmmm... (visto así ya no suena tan bien).
He de añadir que en el instituto sólo me echaron una vez de clase, con la categórica sentencia de "piensa en lo que has hecho, y cuando estés dispuesto a pedir disculpas vuelve a la clase". Todavía me están esperando. En la universidad me tuve que ir yo una vez porque me estaba descojonando. Era una clase de Análisis Numérico. A Pablo (11811) y a mí se nos ocurrió analizar los números de una forma peculiar, que era encontrar todas las rimas posibles del estilo:
- 1: que te folle un tuno.
- 2: (si a alguien se le ocurre una rima que me la mande).
- 3: te la meto del revés
- 4: pa' tu culo mi aparato.
- 5: por el culo te la hinco.
- 6: os la meto y no lo veis.
- 7: mi polla en tu ojete.
- 8: por el culo te la abrocho.
- 9: me la agarras y se mueve.
- 10: (aquí no me acuerdo, pero casi seguro que había algo).
- 11: mi polla es como el bronce.
- 12: (no estoy tan seguro de que hubiese rima aquí).
- 13: me la agarras y me crece.
- 14: (bueno, como el doce)
- 15: en el culo te hago un esguince.
...
- 30, 40, 50... : mi polla te revienta.
por supuesto, iban saliendo de forma desordenada, y cuando llegó el número cuatro, yo entendí mal lo que Pablo me dijo y no podía evitar descojonarme. Cuando conseguía relajar la musculatura de mi mandíbula y serenarme, me disponía a susurrárselo a mi compañero cuando me volvía a dar un ataque de risa. Intenté escribírselo, pero el efecto era el mismo. Me estaba partiendo por una gilipollez enorme. Resulta que en lugar de "pa' tu culo mi aparato" yo había entendido "por tu culo [se mueve] mi aparato". A veces las diferencias más sutiles hacen los cambios más radicales. En el descanso de la clase me disculpé con el profesor y le pedí que me recomendase bibliografía para la lección, porque no podía aguantar el resto de la clase con seriedad. Se lo tomó bastante bien (hay que decir que ese año suspendí Análisis Numérico).

Volvamos a la charla, ya situada en el cesped, bocata en mano (y boca). Cuando se evoca la infancia, se da ese efecto contagioso que hace que todos nos pongamos a hablar como descosidos sobre cuando éramos enanos, atropellándonos un poco, para ver quién hacía las mayores trastadas.

Empezamos con una sesión de pirotecnia, hablando de petardos que quebraban ladrillos reduciéndolos a añicos, petardos pinchados en mierdas salpicando a los artificieros, petardos rompiendo botellines, cohetes dirigidos hacia ancianos, dardos explosivos voladores, cabinas telefónicas reventadas por petardos del 15... por suerte ninguno habíamos llegado a dominar el arte de la bomba de amoníaco. En ese apartado también hubo que añadir actividades piromaníacas varias, como usar los insecticidas "de forma eficaz", crear cohetes caseros y bombas de humo con cerillas. Hasta aquí todos bastante empatados.

Luego llegó el momento de las armas de proyectiles. Los chicos de ciudad no somos expertos en el arte de lanzar piedras, entre otras cosas, por su escasez en entornos urbanos, así que hemos tenido que desarrollar otras técnicas algo más refinadas con lo que teníamos a mano. Los tirachinas son el arma por excelencia, debido a su gran potencia y a al gran variedad de proyectiles que pueden disparar, sin duda ahí Hugo se llevó la palma, al emplear canicas para destrozar cristales reforzados. Yo me convertí en un maestro del tirahuitos, llegando a llevar encima de forma cuasi-permanente una riñonera con municiones variadas para al menos 4 tipos distintos de tirahuitos (los de rollo de papel, otros hechos con las fundas de los carretes de película fotográfica, unos con cuellos de botella y por último los "recortados" hechos a base de rollos de celo), una munición muy popular eran los "tomatitos", sobre todo cuando los dejabas secar.

Después de las cosas de críos, llega el momento de sacar a relucir las partes más oscuras y tenebrosas de nuestro pasado, maldad infantil en estado puro. Como dijo el Maestro Yoda:
- Más fácil, más rápido, más seductor...
- ¡Coño, Yoda, si es que el Lado Oscuro lo tiene todo!
El Cana no empezó muy fuerte, algunas de sus cabronadas más gordas eran rellenar balones de playa con arena para que los chuloplayas hiciesen el ridículo delante de las novias al patearlos y quedarse con el pie destrozado. Hugo subió bastante el listón, con la agresión a un tío calvo con un caramelo duro, con chichón incorporado. Yo por mi parte adquirí una sutileza y refinamiento exquisito en el manejo de la mierda. Mis amigos y yo empezamos entrenándonos con trampas sorpresa. Se trataba de introducir un buen mojón en uno de esos monederos que tienen dos varillas de metal flexible como cierre, y que se suelen abrir de golpe cuando se hace presión... aquello era sobrecogedor, ver a la gente agacharse a por el monedero, apretar para abrirlo y saltarles el tordo a las manos. Lo más sorprendente fue cuando una señora limpió las monedas que habíamos metido dentro de cebo, se las metió en el bolsillo y se fue tan campante.

Pero sin duda, la obra cumbre fue aquella vez que se cruzaron en nuestro camino una buena plasta humeante y un motero del telepizza haciendo una entrega. La moto desamparada era la víctima perfecta. Con la ayuda de un palito, procedimos a untar bien de cataplasma los manillares. El excedente fue a parar a la caja donde se transportan las pizzas (a mí eso ya me pareció de un mal gusto excesivo, que hay gente que come las pizzas que llevan ahí, coño). Como en aquella época yo ya había visto muchas pelis de agentes secretos, sabía que la mejor forma de pasar desapercibido no era salir corriendo ni camuflarse, sino simplemente actuar con naturalidad. Así que con toda la naturalidad que pude, me senté en una valla a ver cómo el motero se pringaba de mierda. Pero cometí 3 errores:
  1. Estar mirando al motero no es pasar desapercibido.
  2. Descojonarse del motero no es pasar desapercibido.
  3. Si eres la única persona que hay en toda la calle, desde luego que no pasas desapercibido.
En lo que sí que acerté fue en salir corriendo a toda pastilla, con tal suerte que pilló a otro de mis compinches camuflados mientras yo salía por patas. Luego vimos al pobre motero subir por la calle con unos papeles en los manillares y con cara de muy mala hostia. Por lo menos no le habíamos pringado también el asiento (creo).

En fin, se hace tarde y creo que por hoy ya está todo el pescado vendido. Si alguno de los lectores es cliente del telepizza, que tenga cuidado con el pepperoni.

2 comentarios:

fortran dijo...

Respondiendo a su solicitud para las rimas perdidas, le indico ciertos ripios posibles para los números huérfanitos:

- 2: no te la saca ni Dios
- 10: ¡pues te la meto otra vez!
- 12: te la meto y es un goce
- 14: pa que en tu culo reboce
- 100: a empezar otra vez, ¡que bien!

¡Hala, a mandar!
Trovador urbano | 29.04.05 - 6:19 am | #

coño, el del 10 creo que ya se había oido alguna vez, pero en fin, más vale la asonancia que la vagancia, como oí en alguna serie cutrona de antena tres en la sobremesa.
fortran | 02.05.05 - 5:19 am | #

Creo q muchas las habeis sacado de aquella cancion famosa de Ximo Bayo de cuando eramos pekeños, no os acordais?
pekeñogranhombre | Homepage | 02.05.05 - 1:09 pm | #

nope... 8-)
fortran | 02.05.05 - 7:21 pm | #

Gravatar Solo decir que, aunque asonante, una de las mejores rimas es "15 - Te peto tol esfínter". Sinceramente, creo que debería sustituir a la asignada actualmente a tal numero
11811 (in person) | Homepage | 08.05.05 - 2:02 pm | #

(copiado de haloscan)

Anónimo dijo...

Como ingeniero en ciernes yo también sufro a las niñas en estas entrañables fechas de febrero, junio y septiembre. La respuesta es fácil: las sueltan desde el rectorado para que no te concentres. Es otra de las tácticas que tienen, como la de ese chip que nos implantan al entrar que hace que te pongas enfermo juuusto antes de la fiesta brutal de camisetas mojadas. (si no llegas a mencionar el fortran, ni me paro en tu blog... después de todo, servía para algo..)