martes, septiembre 28, 2004

Cómo triunfar en los negocios

Después de los exámenes tocaba salir un poco de marcha, así que voy a contar algunas de las cosas que han sucedido en la última semana.

El viernes pasado fui con el Toad a un concierto de Aquaplaning, y nos pidieron que nos quedásemos en la puerta cobrando las entradas y dando una chapa del grupo (que hacía las veces de pase, por si alguien quería salir y volver a entrar). El caso es que hubo bastante afluencia de público y se acabaron las chapitas, así que yo hice alarde de galantería y le di la mía a una chica. Cuando el concierto terminó me apropié de una de las maquetas que repartieron.

La noche continuó y salimos por ahí a tomar unas copas. Conseguimos encajarnos en un sitio bastante chulo, pero unas tías que estaban al lado del Toad empezaron a increparle que estaba invadiendo su espacio vital. Yo solté algo así como: "callaos, putas hienas, que hay sitio de sobra", pero creo que no lo oyeron. El caso es que me giré hacia las chicas que estaban a mi lado y les dije: "hey, a vosotras no os molestamos, ¿verdad?, es que menudas bordes que hay ahí...", empezamos a decir gilipolleces durante un rato y Nacho se puso a fardar un poco, ya que todavía estaría emocionado del concierto, en el que parecía que se había comido una caja de saltamontes... así que yo acabé regalándoles mi maqueta del Aquaplaning (Playable Demo).

Hoy me he enterado de que Aquaplaning ha ganado el concurso de maquetas de Cadena 100 y van a dar un conciertazo. Así que esos artículos originales podrían valer un pastón en el mercado del coleccionista friki... y yo me deshice de ellos tan campante.

Al día siguiente tuvimos un botellón infrahumano, de esos que se hacen en condiciones extremas para poner a prueba la resistencia del ser humano. Era el cumpleaños de algunos de los colegas, y no se les ocurrió otra cosa que llevarnos a beber a Alcorcón... sin tener ni puñetera idea de qué sitios propicios puede haber por allí para que la policía no te moleste. El caso es que nos plantamos en la estación de la RENFE y allí había un coche patrulla dando vueltas. Estuvimos más de media hora parados y pasando frío, porque la gente tenía la idea de que los policías se iban a cansar de dar vueltas para jodernos el botellón. Pues no, caballeros, ese es su trabajo, y mientras haya chavales en corrillo no se van a ir. Al final fuimos a otra parte y aquello parecía un campamento de refugiados, todos arropados con las mantas que algunos llevaban en los coches.

Voy a dejar de escribir, porque sólo de recordarlo me entra un bajón...

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