domingo, septiembre 05, 2004

Del copieteo

Aprovechando que estoy de exámenes voy a poner aquí un correo que me ha mandado El Granaino, un colega de los tiempos de becario en el laboratorio del grupo de Arquitectura de Computadores. Procedo a copiar el texto, que os abrirá las puertas a un nuevo mundo lleno de posibilidades:

Del copieteo.

Copiar...noble arte. Hay quien dice que está mal, que desvirtua los resultados académicos, y que permite que gente sin conocimiento ninguno salga limpio de una carrera. Yo creo que lo que está desvirtuado es el sistema educativo. Creo que en la mayoría de las carreras se da demasiado contenido inútil, sólo para justificar el tener 5 años + n (tendiendo n al nivel que alcanzas jugando al mus en la cafetería) a un tío estudiando.

Pero no nos desviemos del tema, el copieteo, pues caeríamos en una eterna discusión de si el sistema universitario actual es válido o no. El caso es que yo he practicado mucho el copieteo, y creo interesante compartir mi historia.

Empecé mi carrera en otra ciudad. Allí, ya en primero, comencé a darle al tarro para ver cómo era posible copiar de una manera más o menos segura. El caso es que al principio parece imposible. Una sala con la peña separada dos bancos una de otra, y con 3 o 4 tíos vigilándote... chungo.

El caso es que encontramos la manera, un compañero y yo. Teníamos los apuntes en un tocho. Ese tocho era colocado en el servicio de la planta, detrás de la omnipresente papelera que hay en cada WC (de los de cagá, no de los de meá... de los que tienen puerta). Para asegurarse de que no los vean, los sujetas con la propia bolsa, y pegas la papelera a la pared. De esta manera, cuando miras al WC, son indetectables, pues están perfectamente ocultos detrás de la papelera. Recuerdo que en mi primer exámen, cuando pedí ir al servicio, el profesor me miró con mala cara. El tío hasta me acompañó, pero claro, no se metió en el WC conmigo (hubiese sido poco ético, entre otras cosas). Yo, con dos cojones, saqué mis apuntes, y haciendo ruidos de apretar (me entraba la risa), absorvía los valiosos conocimientos necesarios para contestar la pregunta jodida. Después, recolocaba los apuntes, hacía el paripé de estar limpiándome el trasero, y salía. El profesor incluso se metío en el WC, pero claro, todo parecía en orden. Misión cumplida ;)

Este método es casi infalible, pero es poco eficiente. La realidad de los exámenes es que normalmente no tienes ni zorra, y necesitas mirar más de una pregunta. Ir al servicio más de una vez es imposible, porque los problemas de próstata no cuelan teniendo 20 años. La memoria cerebral es limitada, y la minamos cada fin de semana con los lobazos que pillamos, así que no hay manera de aprenderse más de una pregunta en la única visita disponible...

La técnica tenía que evolucionar... había que meter los folios en el examen. Para sacar un folio en un examen hay que tener cojones. Haces ruido, y te pueden cazar. Y fue ahí donde surgió la Red...la Red del copieteo. Era una locura que cada uno de los colegas se llevase sus propios folios y los sacase. Era multiplicar las posibilidades de que nos cazasen. Uno debía ser el héroe, la Fuente, y yo, que estoy medio loco, me ofrecí. Al principio sólo éramos dos o tres. La cosa era sencilla. Te obligaban a dejar las mochilas a los lados, pero dejaba los folios bajo la mesa. Cuando ya era seguro que no iba a haber movimientos (a veces a los profesores les da por reestructurar la clase), los metía bajo el culo, por si acaso les daba por mirar antes del examen (a veces pasó, y claro, no estaban allí... estaban pillando olor ;)). A los 5 minutos de empezar, los metía debajo de la mesa de nuevo. Es un movimiento delicado, pero aquí llega el verdadero secreto... A partir de la 7ª-8ª fila, el profesor no puede ver por debajo del límite de la mesa, con lo cual, cualquier movimiento de las manos por debajo de ese límite es imperceptible. Si limitas tus movimientos a esa zona, estás a salvo.

Y así funcionábamos. Sacar los folios sólo tiene un secreto. Hacerlo con naturalidad. Si el profesor te ve cara de estreñido, nervioso... estás jodido. Pero si te ve con cara de "me la pela todo", pues confía en tí. Si notas que el profesor puede haberse percatado, usa el viejo truco de estirarte, o hacer movimientos de relajación del cuello. El profesor pensará que el movimiento sospechoso que había percibido formaba parte del conjunto de movimientos de relajación, necesarios en un examen, y pasará un kilo del asunto.

Después está el otro tema... pasar los folios hacia los lados. Aquí de nuevo juegas con la ventaja de la cobertura de la mesa. Pasábamos los folios lateralmente con una facilidad asombrosa. Con no mover la parte de arriba, lo tienes hecho. De hecho, los verdaderos maestros mientras que pasaban el folio leían su propio examen, de manera que la actuación era perfecta.

Y ahí el tema explotó. Al principio éramos 3 a lo sumo, y el protocolo era sencillo. La Fuente (quicir, el menda), se colocaba en el centro. Ante cualquier petición de información, rellenaba un folio con la respuesta, y lo pasaba lateralmente. Cuento con la ventaja de escribir muy rápido, así que podía sacrificar unos minutos en duplicar una respuesta en pro de salvarle el culo a un colega.

Pero la cosa se complicó. Al ver que funcionaba, muchos colegas quisieron unirse a la red, y hubo que complicar el protocolo. Sacamos "bonos diarios" y "bonos de temporada". Un bono de temporada te convertía en un nodo más de la Red, y porlo tanto Fuente y Receptor de información en cualquier momento. Los "bonos diarios" eran para un sólo exámen, para el típico que lo llevaba muy mal. Cada uno tenía su coste, claro, pues el riesgo asumido era grande. 3 euros (500 pelas por entonces) para el diario, y 3000 lúas para el de temporada (que en euros, pues...erm...18?. Coñe, la verdad es que casi los regalábamos... tontos que éramos).

El protocolo de comunicaciones evolucionó. Los pases laterales llegaron a su límite, pues el enorme número de personas en la Red obligaba a realizar pases hacia la fila de adelante o la de atrás. Un pase de hacia adelante es trivial, pues el de alante sólo tiene que hacer como que se rasca el costado, y en ese momento le pasas el folio cubríendote con su espalda. Todo con naturalidad. El pase hacia atrás es otro tema, requiere de una maestría importante, así que la Fuente Primaria (pues llegó un momento que había Fuentes Secundarias) se intentaba colocar en la fila más atrasada. Utilizábamos un algoritmo de cálculo de caminos para optimizar el traspaso de información. Los pases laterales siempre son preferibles a los verticales, pero un pase vertical en la zona central es menos peligroso que en la zona lateral, así que si un compañero que estaba a 4 puestos de tí hacia la derecha, y en la fila siguiente, pedía una respuesta, primero lo pasabas hacia alante, y después lateralmente.

En los exámenes verdadero o falso, o los tipo test, el protocolo se invertía. Los pases de información verticales son los fáciles, y los laterales son los arriesgados, pues girar la cabeza es sospechoso. Si el de alante quería preguntar al de atrás, hacía como que se rascaba. Para hacer el número de pregunta con una sola mano, el puño cerrado significaba "decena". Es decir, si el tío sacaba cinco dedos, y después dos, y lo dejaba ahí, pedía la 7. Si hacía lo mismo y cerraba el puño, es que era un setenta y... y después hacía la unidad. Esto era igual para los laterales. En el caso de pedie información al de alante, primero le mandabas un tono e aviso, dándole un toque. Su confirmación era incorporarse y ponerse derecho. Entonces empezabas a darle toques lentos para el número de pregunta. El tono "decena" se hacía pintando una raya en su espalda. Requería más atención, pero el riesgo era bajo, pues te cubría su espalda.

¿Anécdotas?. Miles. Yo llegué a tener un tocho de 100 folios de apuntes encima de la mesa. Con un par. Un colega mío, a base de pasar folios de su examen (era más lento que yo escribiendo, y prefería pasar momentáneamente su folio), estuvo durante 15 minutos sin ningún folio encima de la mesa, porque los había pasado todos, y a falta de 3 minutos para acabar el exámen empezaron a devolvérselos. El último, de hecho, lo puso el colega de delante, que era el que lo tenía, pues en Granada recogían los exámenes los propios alumnos pasándolos por filas hacia delante. En el examen de teoría de algoritmos hubo tal demanda de bonos diarios que formamos una red de copieteo de 22 personas, ocupando 4 filas y media. El hardcore de la red, que eramos 5, nos sacamos más de 50 euros (el bono diario eran 3), lo cual nos dió para un importante botellón. Y así, infinitas.

Y el caso es que cuando llegué a Madrid, la mayoría de la gente me dijo que aquí era imposible copiarse. Pero lo cierto es que la técnica de servicio me funcionó igual, y saqué folios como los sacaba en Granada. Y si no monté otra Red es porque pocos se atrevían, pero los que entraron al trapo salieron satisfechos. Descubrí nuevas técnicas, tan simples como dejar el folio un poco a la derecha para que el otro copie, para mí desconocidas, pues la distancia de separación en Granada era mayor, y ,la mitad eramos cegatos...

Pero hay una realidad. En las asignaturas verdaderamente útiles de la carrera casi no copíabamos, porque habíamos aprendido en ellas y no nos hacía falta. Pero dios sabe que aún estaría con muchas de la rama de Inteligencia Artificial si no llega a ser por la Red. Todos para uno... y al que no le guste, que no mire.

Y recordad... copiar de un libro es plagio... copiar de muchos es una tesis.

Un saludo.

David.
En fin, que muchísimas gracias a David por iluminarnos y por proporcionar este material para el post... así yo tengo tiempo para estudiar un poco y todavía no tengo que recurrir a estas triquiñuelas ;-)